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20 ago 2015

Poemas de Carlos Alberto Nuss*

Desierto

Ahí afuera
del otro lado de mi puerta,
al final de la última calle
está el desierto.

Ahí adentro
detrás de la piel de tierra,
al final del corazón
está el desierto.

Yo le temo
y él a mí.

Los desiertos, por lo general
desconfían de las personas;
ven llegar una y saben
que ya no habrá paz;
que tratarán de romper
la unidad caótica de la soledad
con zanjas, campañas de matanza
y torres perforadoras
para separar aún más
al hombre de sí mismo,
gregarismo de la nada
matriz del resentimiento.

Las personas, por lo general
se pierden en los desiertos
se pierden de sí mismos,
lo que también es un modo
de encontrarse,
hasta que el desierto las halla
a aferradas al viento
que los lleva al mar
o a otros desiertos
de tierra o carne

allí el peligro es
dejarse tragar
por el paisaje.




Puentes

Te beberé desde el fondo de un vaso,
esa larga serpentina de limosnas
que se extiende de tu lengua,
un pez ganándole al anzuelo
aunque sea una vez.
Somos como una tumba
que nos desnuda para siempre.
Las ataduras miden el tiempo
tironeando los vientres.
Los muros están hechos 
del mismo material de los puentes;
y bajo el mismo golpe se derriban.



Poema pájaro

El cielo se volvió pájaro,
y el suelo arranca sus plumas.
Le estoy dando alas rotas al poema
le estoy quitando viento al vuelo.
No soy el mundo, pero el mundo es yo.
No sé ser entre los harapos de las palabras,
ellas saben más de mí y de todo,
y yo no sé aprender más que volver.
Habrá un cielo dentro de una jaula,
y lo llamaré mi poema, lo llamaré mi mundo...
... sonará el aleteo, encierro de voces
que abran, violen todas las cerraduras.
  

A la hora que el tiempo se derrama

El reloj gotea sus pequeñas dosis de muerte.
Alguien se descubre. 
Alguien cae de rodillas. 
Alguien salta a sitios sin memoria.
Es triste haber sido feliz alguna vez...
es triste haber sido.
Los momentos por venir 
quedarán huérfanos de errancias,
como esos niños exiliados de todo,
echados del mundo, dueños de las calles
y de la mirada más clara que nunca vi
y de la mayor cantidad de hematomas
que pueden caber en el alma.
Hay que morir hasta romperse la espalda.
Hay que morir de vergüenza
por sentirse desgraciado algunas veces.
Vergüenza de saber.
Vergüenza de no hacer, y seguir como si nada.

El reloj se ríe silenciosamente de mí.
Si lo destrozo, ¿mato el tiempo?
A nadie le importa.
Nadie es mi deseo más profundo. 
Nadie está en otro lado ahora,
y yo no sé por qué sigo haciendo como que no está,
como que no estoy;
como que nadie y yo somos uno solo.


Identidad

Soy una vizcachera
que el viento tapó con todo
Lo que encontró a su paso..
La vizcacha escarba para
entrar y salir.
Yo escarbo para volver
a ser mi guarida.

... dentro mío está la tierra.



  
Hora

Me matarás sesenta veces
con cada silencio;
el reloj lo sabe y guarda
bajo la manga un minuto, 
azar que se rompe 
con la palabra...
el reloj guarda una muerte
en cada paso
en cada intento
de callar.












*Carlos Alberto Nuss. Nació en 1979 en Concordia, Entre Ríos. Vivió en Concepción del Uruguay, ciudad de la misma provincia hasta el 2009, año en que se mudó a Comodoro Rivadavia, donde actualmente reside. Ha estudiado profesorado de Historia e Inglés. Escribe poesía y cuento. Ha publicado en diversos medios digitales y escritos de su provincia y de Chubut. Posee una página en Facebook, “El Infierno de Dante Siglo XXI”, donde publica sus textos, además de los de diversos autores. “Huellas sobre huellas”, su primer libro, está pronto a editarse.


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